
Me gustan las series de televisión norteamericanas. Casi todas, pero especialmente las que se emiten a partir de las diez de la noche. En ese momento, me podéis sentar delante de la tele y darme cualquier cosa con cucharón y babero, porque me lo trago tó. Si pudiera, las vería todas:
House, CSI, The Closer, Anatomía de Grey... Menos mal que no tengo televisión por cable.
Con esto de las series tengo adicciones compulsivas. Hace unos años, no me perdía ni un episodio de
CSI: Las Vegas (la original e irrepetible).
Después llegó
House. Pasada la sorpresa de la primera temporada y de haber visto a Hugh Laurie convertido en el terror de las nenas (quién
te ha visto y quién
te ve, Hugh), ahora ya me cansa. Es una serie que se sostiene sobre su personaje principal, el gracioso hijoputa de Gregory House, pero el planteamiento de los capítulos se ha hecho repetitivo. Lo han rodeado de personajes bastante

moñas (Wilson, Cameron y Chase) que lo único que hacen es seguirle como perrillos falderos por el hospital -después de un año aguantándole borderíos, podrían haber aprendido a darle la réplica, digo yo- y se les saca muy poco partido a los personajes medianamente interesantes, Foreman -otro hijoputa, pero ni tan atractivo ni tan gracioso-, y Cuddy -graciosa, atractiva y un personaje que está pidiendo sexo a gritos. Ahí está uno de los problemas de House: ¡no hay sexo!.
Nada que ver con
Anatomía. En el Seattle Grace hay sexo por todas partes y a todas horas: médicos con internos, internos con pacientes y entre ellos... Están salidos como perros. Me encanta.
Otra ventaja de
Anatomía de Grey es gran número de seres humanos atractivos que se han ido a juntar en un solo hospital. Por ejemplo, Preston Burke, que está pa mojar pan y güevo y tó, aunque como personaje sea un poco aburrido (es mucho más graciosa su novia, una especie de House en femenino y coreano). También tienen en

plantilla al macizo de Eric Sloan (McSteamy), que se pasa un alto porcentaje de capítulos enseñando torso y lo que le dejen. Otro personaje que me encanta es Karev: egoísta, mal compañero, aprovechado, trepa, oportunista, infiel, y más salao que nadie. Me iría de copas con él cualquier día.
El gran problema de
Anatomía se llama George O'Malley, el personaje más moñas de todos los personajes moñas de la historia de la televisión. A ver cuándo se dan cuenta que de que el chico se les ha colado del rodaje de
Urgencias. ¿Cómo nos vamos a creer que ese renacuajo tartajilla que se peina como si tuviera cuatro años vuelve loca a una peaso mujer como la Dra. Torres? Enga ya.
No echo demasiado de menos
The Closer, que Cuatro ha eliminado sin miramientos para emitir
Anatomía. Pero era una buena serie, con otro gran personaje principal, y con un predominio de tonos azules muy relajante para la vista.
Sin embargo, la serie de moda es, sin duda,
Héroes. He visto hasta el capítulo 13, momento en el

que la mula se ha negado a seguir bajando más ná. La serie se construye sobre el típico guión absurdo pero adictivo: se nota bastante que van improvisando, y mucho me temo que acabe siendo una decepción en plan
Lost. Pero la idea es buena, eso de gente normal con poderes y tal. También se agradece que no haya ni un sólo médico en la serie, que no sólo de hospitales vivimos los serieadictos.
La estrella absoluta de la serie es el simpático Hiro Nakamura, que se teletransporta a voluntad de Japón a EEUU seguido, cual fiel Sancho Panza, de su amigo Ando. Tiene mucho de Quijote Hiro, si lo piensan: en lugar de libros de caballerías, lo suyo son los cómics, pero también anda en busca de su espada ninja y se empeña en seguir un código de honor para poner sus poderes al servicio de un bien mayor.
Otro personaje que me ha conquistado es Claire Bennett, la animadora indestructible. Se muere de mil maneras y ha llegado a reconstruirse a sí misma encima de una mesa de autopsias (¿quién quiere médicos cuando hay superhéroes?), todo ello con el pelo ideal, y sin un grano, la tía. Anda que no me habrían solucionado a mí la adolescencia esos poderes. El mayor problema que tiene Claire es un padre adoptivo bastante friki, y el no conocer a sus padres reales. Pero, ¿quién a los quince años no se ha sentido extraterrestre en su propia familia?

Pues sí, habría sido
cool ser Claire en el instituto, en lugar de la torpe
geek que fui, de escayola en escayola (me rompí la muñeca, el tobillo, una rodilla...). Poder recolocarme los huesos y demás partes corporales a mi antojo también me solucionaría el esguince crónico que mi alter ego se empeña en repetir. Porque al final va a tener razón
Ilde al decir que me pega más tener un alter ego destructivo como el de Niki. Ilde es como el niño del
cuento del emperador, el primero que le dice que va en pelota. Y no digo que no, igual hay una Jessica que se empeña en hacer cosas que yo no consigo recordar al día siguiente. Comprendo perfectamente la angustia de Niki, que cada poco se despierta sin saber si se ha cargado a la mitad del hampa de Las Vegas. Pero ella tiene un hijo prodigio monísimo y un marido que está casi mejor que el Doctor Burke.